RESTAURANTES
8 DE SEPTIEMBRE DE 2022

OSLO, una tesitura.

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Lo que me pasa con este restaurante es curioso, pues no me gusta quedarme con las malas experiencias, pero sí considero que a veces hay que hacerse eco para que se puedan cambiar ciertas cosas. Te cuento.

LA EXPERIENCIA en OSLO

La cena fue de maravilla, los platos nos encantaron a excepción de los postres que no estuvieron a la altura de la calidad del resto del menú. La pasta de pera es de mis favoritas, he ido ya varias veces a este restaurante pero nunca me había quedado tan decepcionada cómo esta vez, y no gastronómicamente hablando. 

 

Estábamos celebrando el cumpleaños de mi suegro, éramos 6 y todo fue rodado hasta el momento del pago. La cuenta subió a 205€ en total. Queríamos hacerle el regalo a la familia y pagar nosotros la cena, así que sacamos un billete de 200 para pagar. Enseguida vinieron a decirnos que no lo aceptaban.

 

Para empezar ningún comercio puede negarse a coger un billete de curso legal y menos cuando existe buena fe por parte de quien paga (cuestión de pagar un importe pequeño con un billete grande, los sabemos porque nos informamos con nuestro abogado).

 

Vino el encargado y nos dijo que no podía hacer nada, cuando ni siquiera tienen un cartel que informe al cliente (y aunque lo hubiera deberían aceptar el billete igualmente, insisto, siempre que haya buena fe).

 

Fue muy frustrante porque tuvieron que acabar pagando la cena mis suegros y cuñados, más la situación de un trabajador que no supo estar a la altura.

 

Al final no quisimos ni poner la hoja de reclamaciones por no hacerle pasar ese rato a la familia. Una decepción con mayúsculas la ignorancia de la ley por parte del gremio en general.

 

Ante la respuesta (en Google) del propietario, criticando mi reseña, obviamente, y echándome en cara que solo había publicado la mala experiencia habiendo ido otra veces, pues parece que lo único que le importa son las estrellas con respecto a la comida, cuando yo creo que el conjunto de la experiencia es lo que importa, pues vamos allá:

 

El titular sería este:

  • De nada sirve que la comida esté buena si el trato es nefasto o el servicio es lento.

 

  • Pero cierto es que tiene razón y voy a proceder a valorar cada una de las veces que he ido al restaurante.

La primera vez que fuimos a Oslo me pareció que había una falta de coherencia en sus platos (o al menos nadie nos sugirió cómo pedir). Todo lo que pedimos fue similar y eran platos muy pesados y con textura seca o de mazacote.

Las patatas para mi gusto secas, pues llevaban una especie de hojaldre. Nos recomendaron un plato que sonaba bien, algo así como la imitación de un ragú que al final solo eran champiñones sobre una cama de más patata (menos mal que lo eliminaron de la carta).

También pedimos una lasaña que lejos está de la que tienen ahora, y bueno, los postres que nunca han estado a la altura en este restaurante.

Por aquel entonces (diciembre de 2020 y mi cumpleaños),decidí no hacer reseña, pues a veces si el trato es amable y me gusta el servicio me gusta dar segundas oportunidades. Y la chica nos atendió muy bien a pesar de no habernos sugerido sobre nuestro pedido. 

 

Y eso hice un año más tarde, esta vez volvimos con amigos y pedimos todo al centro y variado. Nos sorprendió para bien, habían cambiado cositas del menú y todo lo que pedimos fue un acierto. Las croquetas, especialmente las de queso e higos son una pasada, los burritos espectaculares, los rollitos crujientes de puerros buenísimos!

Y la pasta…automáticamente comencé a soñar con esa pasta de pera…Es por eso qué decidimos volver obviamente. 

Pero la noche de la “experiencia” y después, repito, de disfrutar de unos platos deliciosos, nos encontramos con que a pesar de todo no aceptaban nuestro dinero, cosa que no está permitida por ley.

 

La persona encargada se negó y se cruzó de brazos dejándonos con ninguna opción más que la absoluta impotencia y al final una desastrosa experiencia.

 

Echó balones fuera diciendo que era cosa del jefe y que no podía hacer nada. Le sugerí llamar al jefe y me ignoró.

Una vez más vemos que lo único que importa no es la comida o las estrellas sobre los platos, pues el trato arruinó la velada y de hecho mi pareja y los allí presentes decidieron no volver a pisar el restaurante.

 

Yo por mi parte espero que se recapacite y no descarto el volver, pues adoro comer por encima de muchas cosas y, entiendo que una gestión óptima de un negocio contribuiría a la formación de los trabajadores sobre cómo actuar en ocasiones así (que me imagino que serán muy pocas) antes que perder a un buen número de clientes.

 

Una pena de verdad lo ocurrido. Por otra parte, espero que sigan haciendo esos platos y que si esto les llega, que se atrevan a experimentar con nuevos postres. 

Y bueno, espero que hasta aquí toda esta información os sirva de ayuda y si por supuesto, tenéis alguna sugerencia en la línea no dejéis de compartir, pues ¿hay algo más bonito que descubrir nuevos lugares?

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